A más grados, más calor

martes, 22/07/2008 (18:31)

 

Anda ya, ¿calor? ¿hoy? No será por los 40ºC o el sudor que me mantiene pegada la camiseta al cuerpo o lubricado el entremuslo, porque no me digan que no resulta apasionante como varía la forma de actuar de un mismo elemento en diferentes partes del cuerpo. Igual ocurre con el pipí y lo que dicen de que mearte en una herida es la mejor forma de sanarla. Desde GreenSouth preferimos mantener la romántica idea de que si te mean un dedo este acaba cayéndose a cachos tarde o temprano, instinto que ha conseguido que la especie humana haya existido durante milenios y lo que ha evitado que algunos no terminemos comiéndonos nuestra propia mierda, aunque poco nos haya faltado en ocasiones.

Cuesta dormir y cuesta levantarse, aunque ir a la oficina es lo que peor se lleva. En casa, el santuario del vicio, ahora decorado con lo que oficialmente he bautizado como las «über-cortinas-de-puticlub», se sufren las temperaturas más altas, hasta el extremo de encontrar a las cucarachas lamiendo las hebillas de los cinturones porque ha de ser lo único fresco en toda la casa. Queridos lectores, la tarima flotante no sólo está contraindicada para enfermos de corazón por aquello de los chispazos y la estática que me hace moverme por casa aterrorizado, evitando el contacto con cualquier superficie metálica. Es como jugar a "Operación" sabiendo que el siguiente calambre puede ser el último; También guarda el calor, en invierno es genial y casi resulta acogedor a pesar de los vómitos y la incontinencia fisiológica de las electrocuciones esporádicas, pero en verano se convierte en algo tan agradable como quedarse encerrado en un Seat Panda con una doble desnuda de la Duquesa de Alba.

Sólo el aire acondicionado y la redecilla de las bermudas un discreto nudismo doméstico podrá salvarme de las inclemencias de un verano atroz y caluroso.

Toda la culpa la tiene el Papa, que lo sepáis, el Papa!

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El Helado de Tiramisú del Mercadona

domingo, 20/07/2008 (23:59)

 

No sé quien será el señor Hacendado, algunos rumorean que se trata de una marca comercial reconocida, ya saben, piensen en un Kraft o Nestlé, elaborando los mismos productos y envasándolos bajo diferente marca. Otros dicen que tras esta marca se encuentra Willy Wonka y su fábrica de enanos mongolos que dan cosilla. ¿Quién sabe? Sólo habría que buscar el nombre de la compañía en la letra pequeña del envase, pero entonces perdería el encanto y la magia de la especulación. Este es un país de marujas y nos encanta criticar sentados en la lonja del pueblu, aunque sea a nuestro fabricante preferido de comida precocinada.

No ha sido la primera vez que se ha hablado de Hacendado en estas páginas cerdas. Somos cerdos, admitámoslo, y nos gustan las guarradas en las que no hay que invertir tiempo para preparalas. Hubo un tiempo en que me gustaba cocinar. Me desnudaba y sólo me vestía con un mandil para comerme todo lo que saliese de mi imaginación. Pero llegó el Mercadona, y las obscenidades gastronómicas en pequeños envases, me llenaron la vida y las células adiposas residentes en mi abdomen, aplaudieron ante lo que se avecinaba como «una nueva época de prosperidad y crecimiento».

Hoy, queridos lectores que han abandonado el cinturón para instalar una goma de pijama en la cintura de todos los vaqueros del armario, voy a hablarles del «Helado de Tiramisú Hacendado», una delicia para el paladar sólo comparable en sabor y textura al néctar de los dioses, y que como tal, ha de consumirse vestido sólo con toga y chanclas.

Comparado con otros productos de marca «la bellota», -Carrefour y similares-, que se limitan a llamar Tiramisú a un pegote de helado de café y nata con cantidades ingentes de cacao espolvoreado, el de Hacendado posee un sabor propio, con un regustillo extraño y agradable a licor -digo yo que será a licor- y un gusto suave a vainilla y café sin entrar de lleno en lo que las citadas marcas entienden como la versión helada de este típico postre de restaurante italiano.

Lo mejor de todo, es la textura. Jamás encontré una adaptación tan fiel a lo que parece un bizcocho entremezclado con el helado. No, no se confundan, no hay trozos de nada dentro, simplemente forma parte de la textura, granulada y esponjosa que se entremezclan con vetas de algo negro que parece caramelo o chocolate que nunca se congela y que fluye lentamente en cada cucharada. Por mucho menos, he llegado a eyacular media docena de veces, créanme.

Además viene en un envase doble. Compras 550 gr., pero viene en dos tarrinas de 275 gr. para distribuir la lujuria en dos veces y así eliminar la sensación de culpabilidad que te produce ingerir la cantidad de calorías que un mono titi necesitaría para vivir durante 6 meses, que tampoco son tantas: unas 150 por cada 100 gr., poco más que un yogur de toda la vida.

En próximos posts: "Adelgazando día a día, diario de una dieta de lunes" y "Especial picantes: dándole vidilla a la almorrana". Y sí, disfruto haciéndole fotos a la comida, ¿qué pasa?

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Odio a Perales

miércoles, 16/07/2008 (23:47)

 

Ventajas e inconvenientes de despertase un día y percatarse de que es miércoles. ¿Ventajas? indudablemente ya es miércoles, el ecuador de la semana y apenas dos días restan para el ansiado viernes. ¿Inconvenientes? inexorablemente, aún es miércoles y todavía faltan dos días para que el reloj de mi ordenador marque las 19.30 y me largue a casa. Dos caras para una misma moneda.

Se mire como se mire la cosa está jodida para un organismo fatigado como el mío, deseoso de unas vacaciones desde que me dijeron que esta vez sí que serían remuneradas, allá por septiembre del año pasado. Además, todo el mundo a mi alrededor parece haberse tomado unos días y las conversaciones de lonja de pueblo, de «...¿dónde te vas de vacaciones?...», se suceden en cada esquina. De pequeño mi mamá me dijo que estas preguntas las hacen los desconocidos para colarse en casa y llevarse hasta el parqué del suelo aprovechando la coyuntura estival. Por eso cuando me preguntan, a todos les respondo que no, que yo no me voy este año y que además nos mandan a un mandingo senegalés de intercambio en celo que dormirá tras la puerta durante todo el verano.

Si hasta el gusto musical del camarero de la cafetería parece haberse derretido con las altas temperaturas. Las coplillas plañideras de José Luís Perales amenizando mis cafés matutinos, no resultan especialmente motivadores a primera hora de la mañana. No entiendo como alguien así puede llegar a convertirse en una especie de Spice Girls de los cantautores españoles, si tenemos en cuenta que escuchar tres minutos de canción, de rebote y prácticamente sin prestarle demasiada atención, produce la misma sensación que pariendo alcachofas enteras y sin pelar por el culo. Parece una memez, pero créanme si les digo que me hace plantear seriamente lo de pagar 0.20EUR más por café y cruzarme a la cafetería de enfrente, aunque me atienda un señor de camiseta repegada y pezones marcados, que si te lo curras, puedes imaginarte que es una mujer e igual hasta te pone.

¿Mañana? Mañana jueves, por supuesto. Y todos sabemos las ventajas e inconvenientes del jueves.

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