No sé quien será el señor Hacendado, algunos rumorean que se trata de una marca comercial reconocida, ya saben, piensen en un Kraft o Nestlé, elaborando los mismos productos y envasándolos bajo diferente marca. Otros dicen que tras esta marca se encuentra Willy Wonka y su fábrica de enanos mongolos que dan cosilla. ¿Quién sabe? Sólo habría que buscar el nombre de la compañía en la letra pequeña del envase, pero entonces perdería el encanto y la magia de la especulación. Este es un país de marujas y nos encanta criticar sentados en la lonja del pueblu, aunque sea a nuestro fabricante preferido de comida precocinada.
No ha sido la primera vez que se ha hablado de Hacendado en estas páginas cerdas. Somos cerdos, admitámoslo, y nos gustan las guarradas en las que no hay que invertir tiempo para preparalas. Hubo un tiempo en que me gustaba cocinar. Me desnudaba y sólo me vestía con un mandil para comerme todo lo que saliese de mi imaginación. Pero llegó el Mercadona, y las obscenidades gastronómicas en pequeños envases, me llenaron la vida y las células adiposas residentes en mi abdomen, aplaudieron ante lo que se avecinaba como «una nueva época de prosperidad y crecimiento».
Hoy, queridos lectores que han abandonado el cinturón para instalar una goma de pijama en la cintura de todos los vaqueros del armario, voy a hablarles del «Helado de Tiramisú Hacendado», una delicia para el paladar sólo comparable en sabor y textura al néctar de los dioses, y que como tal, ha de consumirse vestido sólo con toga y chanclas.
Comparado con otros productos de marca «la bellota», -Carrefour y similares-, que se limitan a llamar Tiramisú a un pegote de helado de café y nata con cantidades ingentes de cacao espolvoreado, el de Hacendado posee un sabor propio, con un regustillo extraño y agradable a licor -digo yo que será a licor- y un gusto suave a vainilla y café sin entrar de lleno en lo que las citadas marcas entienden como la versión helada de este típico postre de restaurante italiano.
Lo mejor de todo, es la textura. Jamás encontré una adaptación tan fiel a lo que parece un bizcocho entremezclado con el helado. No, no se confundan, no hay trozos de nada dentro, simplemente forma parte de la textura, granulada y esponjosa que se entremezclan con vetas de algo negro que parece caramelo o chocolate que nunca se congela y que fluye lentamente en cada cucharada. Por mucho menos, he llegado a eyacular media docena de veces, créanme.
Además viene en un envase doble. Compras 550 gr., pero viene en dos tarrinas de 275 gr. para distribuir la lujuria en dos veces y así eliminar la sensación de culpabilidad que te produce ingerir la cantidad de calorías que un mono titi necesitaría para vivir durante 6 meses, que tampoco son tantas: unas 150 por cada 100 gr., poco más que un yogur de toda la vida.
En próximos posts: "Adelgazando día a día, diario de una dieta de lunes" y "Especial picantes: dándole vidilla a la almorrana". Y sí, disfruto haciéndole fotos a la comida, ¿qué pasa?
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